Cartagena Negra

Cartagena Negra

jueves, 31 de agosto de 2017

ANTOLOGÍA DE RELATOS CARTAGENA NEGRA

Cartagena Negra se podrá disfrutar también a través de una selección de relatos propios

La Fea Burguesía presentará la próxima semana esta antología con 23 relatos del género 'noir'

31.08.2017 | 04:00
Cartagena Negra se podrá disfrutar también a través de una selección de relatos propios
No podía ser de otra manera. Algunos de los autores más señalados del noir español visitarán Cartagena durante el mes de septiembre, y presentarán sus últimos trabajos, charlarán con los lectores y pondrán su granito de arena a la expansión del género. Pero la aportación de Cartagena Negra no podía quedar ahí y, por ello, y gracias a la labor de Antonio Parra Sanz, el festival contará con su propia colección de relatos negros, policiacos y de misterio.
En total serán veintitrés los textos que compongan Cartagena Negra: prologado por el crítico literario –y director del festival– Francisco Marín, sus autores son Nieves Abarca; Santiago Álvarez; Ana Ballabriga; Claudio Cerdán; Estela Chocarro; Pablo de Aguilar; Empar Fernández; Rafael Guerrero; Alfonso Gutierrez; David Jiménez, 'El Tito'; Joaquín Llorens; Paco López Mengual; Pedro Martí; Víctor Mirete; Graziella Moreno; Manuel Moyano; Mónica Rouanet; Ginés Sánchez; Juan Soto Ivars; Cristóbal Terrer; Rubén F. Uceda; Jesús Zaplana y el propio Antonio Parra Sanz.
El próximo martes, 5 de septiembre, y dentro de programa de actos del festival, se presentará en sociedad esta antología, en un acto, que dará comienzo a las siete y media de la tarde y se celebrará en el Auditorio El Batel de Cartagena. El libro será presentado por los ya citados Francisco Marín y Antonio Parra Sanz, así como por Fernando Fernández Villa, de La Fea Burguesía, editorial que acoge este recopilatorio.
«Cuando nos planteamos realizar esta antología adquirimos la gran responsabilidad de ayudar a que Cartagena, con sus jornadas de literatura negra y policíaca, se consolide como un referente nacional en los festivales de género negro que se celebran en España. El hecho de invitar a los autores a participar en esta obra era una manera de devolverles parte de lo que ellos nos regalaron con sus visitas en las dos primeras ediciones. Todos aceptaron el reto de situar una trama negra en la ciudad portuaria, y todos respondieron con una extrema generosidad, con el magnífico resultado del que ahora podemos disfrutar», asegura en el prólogo Francisco Marín.
«A lo largo de estas páginas paseamos por Cartagena y sus aledaños, desde Cabo de Palos a El Albujón pasando por Lo Campano, recorremos un eje fundamental, como es el de la calle del Carmen, Puerta de Murcia, calle Mayor, plaza Héroes de Cavite y Puerto. En cada una de estas calles palpitan historias impresionantes, sin olvidar la calle Jabonerías, o el Hotel Los Habaneros, donde descansamos tras refrescar nuestras resecas gargantas en Míster Witt Café. Esperamos que el lector disfrute tanto como nosotros de este viaje negro y misterioso por las calles de la ciudad trimilenaria», concluye el responsable del festival.
Con la publicación de Cartagena Negra, La Fea Burguesía, «una editorial nacida para poner de manifiesto el ajetreo cultural que se vive en nuestra Región y dar voz a nuevos y también a consolidados autores», coloca sobre las manos de los lectores una sucesión de relatos que saldrá a la venta a un precio de diez euros.

CLARA PEÑALVER EN EL DIARIO LA OPINIÓN

Clara Peñalver: "Son mis personajes los que escogen las armas y métodos para matar, yo solo me limito a facilitarles el trabajo"

Impartirá un taller sobre escritura policiaca dentro su participación en el encuentro literario

31.08.2017 | 04:00
La escritora Clara Peñalver. 
Con motivo del ciclo Cartagena Negra, que tendrá lugar en la ciudad portuaria entre el 5 y el 9 de septiembre, LA OPINIÓN publica un cuestionario con los autores participantes.
¿Qué es para usted una buena novela negra?
Si respondo como lectora, una novela negra tiene que atraparme y sorprenderme, casi hipnotizarme, para que llegue a considerarla una buena obra. Si respondo como escritora, para mí una buena novela negra es aquella que se sale del molde –tanto a nivel técnico como argumental– y que me lleva a preguntarme cómo narices ha conseguido quien la ha escrito tal o cual efecto.
¿Cuáles serían sus personajes y autores negros favoritos?
Si hablamos de personajes, me quedo con Mr. Ripley, por su mente destartalada, y –me voy al terreno audiovisual– Sarah Linden, protagonista de The Killing, por su irritante imperfección. Autores favoritos, no los tengo. Podríamos decir que voy saltando de favorito en favorito en función de lo que me esté enseñando ese autor o autora en un momento concreto. Por eso siempre hablo de autores en relación a los libros con los que más he aprendido: Patricia Cornwell en Post Mortem, Manuel Vázquez-Montalbán en El estrangulador, Eduardo Mendoza en El misterio de la cripta embrujada, Seicho Matsumoto en El expreso de Tokio...
¿Se ha sentido atraída por este género desde siempre?
Me he sentido atraída por las posibilidades que brinda este género; en él puedo jugar con la vida y la muerte, con la crueldad y la dulzura, con la justicia y la injusticia, con el choque entre personajes profundos y personajes huecos, con la locura y la cordura, con las miserias y las lindezas de la sociedad...
¿Qué opina de la expansión que vive en España el noir?
¿Qué opino? Lo cierto es que llevo unos meses en los que no tengo muy claro si puedo o no opinar sobre este tema. Bueno, vale, voy a ser sincera: ya no me apetece opinar en este sentido. Últimamente he leído y escuchado numerosa prensa en la que se hablaba –y se opinaba– sobre el boom de la novela negra desde tantos puntos de vista que me he acabado cansando. Siempre me he considerado, ante todo, escritora, a secas. Recurro al género negro porque me encanta, porque me siento bien urdiendo las tramas de mis historias cuando están tintadas de noir. Si lo que está ocurriendo en el mercado enriquece el género, bienvenido sea. Mientras tanto –y siempre y cuando mi editor siga esperando mis novelas–, yo voy a limitarme a disfrutar escribiéndolas.
¿Y qué le ha traído a participar en estas jornadas, qué espera de Cartagena Negra?
Tengo la certeza de que va a ser una experiencia enriquecedora y muy especial. El año pasado, sus organizadores me demostraron que habían sido capaces de crear un festival lleno de contenido de calidad y muy bien organizado, y no hay nada que me haga pensar que este año no vayan a repetir la hazaña. En cuanto a qué me ha traído este año a Cartagena Negra: un taller de relato policíaco. Voy a encerrarme con un grupo de personas osadas para compartir con ellas el método que uso para escribir mis novelas y, sobre todo, para pasar buenos ratos haciendo crecer historias criminales.
¿Cuáles son sus armas y métodos preferidos a la hora de matar?
Son mis personajes los que escogen armas y métodos, yo sólo me limito a facilitarles el trabajo.
Elija algún personaje real para quitar de en medio y justifique el crimen, claro.
Opto por el mutismo. ¡Imaginad que algún día me harto y decido acabar con ese 'personaje' real! No pienso dejar pista alguna, lo siento.
Va a impartir un taller de escritura policiaca. ¿Se puede enseñar a escribir con vocación negra?
Si se puede enseñar a escribir, ¿por qué no va a poderse enseñar a escribir con vocación negra? Lo único que hace falta es una pizca de técnica narrativa, una mirada perversa, una mente capaz de tejer tramas llenas de suspense y, sobre todo, conocer las reglas para poder romperlas.
Díganos tres o cuatro técnicas imprescindibles para escribir sobre este género.
Hay numerosas formas de manejar la tensión y el suspense en una novela de género negro. Se puede jugar con anticipaciones en la apertura o cierre de capítulos («Aquella mañana habría transcurrido como una mañana cualquiera en la vida de la señora Gertrudis si no fuera porque una muerte sangrienta la aguardaba al otro lado de la puerta»), con inicios de novela impactantes («Jamás olvidaré la viscosidad de su sangre caliente regándome el cuello, resbalando por la longitud de mi espalda y filtrándose por la cinturilla de mi pantalón hasta empaparme las nalgas. Jamás olvidaré su estertórea respiración...») o, cómo no, con finales sorprendentes («Sí, señoras y señores, el asesino es el mayordomo. Y lo más sorprendente de todo esto es... ¡Que no había mayordomo!»). No obstante, las mejores técnicas narrativas pueden resultar inútiles si la historia carece de personajes potentes, de una trama impactante y de una atmósfera absorbente.
Ha sido la creadora de la serie de Ada Levy, ¿qué tiene de especial para ser un personaje protagonista y para cuándo una nueva entrega de sus andanzas?
En mi opinión, lo que hace a Ada especial es que se trata de un personaje inmaduro, destartalado y tremendamente impulsivo. Sería una detective desastrosa si no fuera por su gran intuición y su cabezonería. Y, aunque he de reconocer que echo de menos a mi alocada protagonista, he decidido dejarla descansar un poco. En su última aventura se quebraron muchos personajes importantes y necesito tiempo para recolocarlos. Pero que le haya dado vacaciones a Ada no significa que su autora esté quieta, ni mucho menos. Ahora estoy cerrando una novela crossover y, en septiembre, me zambullo de nuevo en el género negro con una historia cuya documentación me ha llevado varios años y que, espero, resulte muy perturbadora.
¿Cómo cree que ha encajado este personaje entre los lectores del género?
Supongo que como entre los lectores en general. Ada es tan capaz de levantar pasiones como de despertar a los más crueles detractores, y creo que ese es uno de los encantos del personaje.
Ofrézcale también algún consejo al lector de novela negra.
Que disfrute leyendo y que, en el transcurso de esa lectura, intente descubrir las tácticas y técnicas que utilizamos los autores para captar su atención y quedarnos con sus ojos hasta la última página del libro.

ANABEL BOTELLA EN EL DIARIO LA OPINIÓN

Anabel Botella "No soporto las novelas en las que el autor moraliza y se implica en lo que está narrando"

«Matar en la ficción es estupendo porque no tienes que ensuciarte las manos», asegura

30.08.2017 | 04:00
La escritora cartagenera Anabel Botella. L. O.
Con motivo del ciclo Cartagena Negra, que tendrá lugar en la ciudad portuaria entre el 5 y el 9 de septiembre, LA OPINIÓN publica un cuestionario con los autores participantes.
¿Qué es para usted una buena novela negra?
Para mí es esencial que una buena novela, me da igual que sea negra, histórica o narrativa, tenga unos buenos personajes, diálogos ágiles y una trama que te absorba. Yo leo para evadirme, para meterme dentro de la historia, para ser parte activa de lo que estoy leyendo. No quiero ser un mero espectador, me gusta implicarme. Hilando un poco más fino, en una novela negra, además de lo anteriormente dicho, no solo busco tiros y golpes, también quiero una atmósfera muy determinada, oscura, opresiva. No es imprescindible, pero no me importa que haya una crítica social. Eso sí, no soporto las novelas en las que el autor moraliza y se implica en lo que está narrando. También me parece importante encontrar humor. Siempre rebaja la tensión del relato.
¿Cuáles serían sus personajes y autores negros favoritos?
Además de los clásicos, como Raymond Chandler –Marlowe me parece uno de los mejores personajes de todos los tiempos, por su mordacidad y por su ingenio– o Dashiell Hammett –Sam Spade es otro gran personaje que me sigue sorprendiendo por la agilidad que muestra siempre–, me gustan autores españoles como Andreu Martín y Jaume Ribera –en casa somos muy fans de Flanagan–, Joe Álamo –adoro a Tom Z. Stone y su reinterpretación del detective moderno convertido en zombi– y Claudio Cerdán –de todos sus personajes, me quedo con El Tuerto–. Aunque solo he leído una novela de Luis Gutiérrez Maluenda ( Música para los muertos), me pareció un gran autor. Además, acabo de descubrir a una autora, que también es compañera de editorial, con un relato corto e intenso: Mírame, de Diana Cerdà. No es solo una novela bien narrada, también cuenta con elementos que me gustan. Y la última novela de Juanjo Braulio: Sucios y malvados, me parece lo mejor que he leído este año dentro del género. Aunque no son autores ni personajes de ficción, tengo muy presentes a personalidades históricas que parecen sacadas de novelas negras, como Livia o las emperatrices chinas Wu y Zishí, mujeres que conspiraron en la sombra. Como siempre se dice, y yo comparto plenamente, la realidad siempre supera a la ficción.
¿Se ha sentido atraída por este género desde siempre?
Siempre me he sentido atraída por las buenas novelas. Tengo épocas donde solo leo novela negra, otras en las que solo leo juvenil, a veces solo leo narrativa hispanoamericana o solo leo fantástica. Va por rachas. Sí que es cierto que siempre me ha gustado el género de misterio.
¿Qué opina de la expansión que vive en España este tipo de literatura?
Vivimos un buen momento para la novela negra, es cierto. Yo me pregunto si fue por el auge de la novela nórdica o porque aquí realmente tenemos autores increíbles que han trabajado incansablemente para que este género ocupe el lugar que se merece. Prefiero pensar que en España hay grandes novelas. La situación que vivimos da mucho juego y se presta a ello. La novela negra ya no es un género marginado o de segunda, ahora hablar de este género es hablar de calidad.
¿Y qué le ha traído a participar en estas jornadas, qué espera de Cartagena Negra?
Lo que me trae a Cartagena Negra es poder mostrar las intimidades de una familia con muchas sombras. Hasta dónde es capaz de llegar esta familia. En el fondo todos tenemos un punto cotilla y nos gusta saber qué se esconde tras esas familias modélicas que muestran sonrisas vacías de cara a la galería.
¿Cuáles son sus armas y métodos preferidos a la hora de matar?
Me gusta elegir elementos de la vida cotidiana y ver las posibilidades que ofrecen, como un tenedor (ya lo utilicé en otra novela), un cortapizza o una infusión de baladre.
Elija algún personaje real para quitar de en medio y justifique el crimen, claro.
Matar en la ficción es estupendo porque no te ensucias las manos, pero si tuviera que matar a alguien, sería en caliente y que hubiera tocado a alguno de los míos. Ahí sí que podría encontrar una justificación. No sé si atendería a razones. El personaje de Bárbara en la novela habla justamente de esto.
¿Existen por ahí familias como los Cuervo del Valle, los protagonistas de su novela Cuervo negro?
Claro que existen. Olvidamos con demasiada facilidad la historia negra de España o la historia en general. Me gusta mucho la historia de Roma, sobre todo el periodo de la familia Julio-Claudia, desde Julio César a Nerón. Lo que pasó en esa familia ha dado para muchas novelas. O como lo que ocurrió en la familia de Borgia. Tampoco podemos olvidar a dictadores como Kim Jong-un, Augusto Pinochet o Rafael Leónidas Trujillo, por poner algunos ejemplos. Como he comentado, las emperatrices chinas Wu y Zishí me parecen fascinantes. Uno de los últimos casos que se me ocurren sucedió en Alicante, la muerte de una viuda de un ex presidente de la CAM.
Hace años sucedió un hecho escalofriante en Uganda. Lo viví de cerca porque se trataba de la familia del marido de una amiga. Ella vivía en Valencia. La familia del marido pertenecía a una secta ultracatólica y que no estaba reconocida por la iglesia. Cuando mi amiga iba a Uganda vivía algunas de las situaciones que he reflejado en la novela. Se hablaba del valor del esfuerzo. Las mujeres y los hombres no convivían juntos y ellas eran quienes servían. Aun así, quien llevaba la voz cantante era la madre del marido de mi amiga y uno de los hijos. Hay situaciones que están sacadas de lo que me contaba mi amiga. Aquello terminó muy mal. Así que sí, por desgracia hay familias como los Cuervo del Valle.
¿Cómo se le ocurrió trabajar en esta novela con dos voces narrativas, y además las dos en primera persona?
Esta idea surgió de un hecho real, de un hombre que presuntamente mató a sus dos hijos y la madre de este hombre (o sea, la abuela de los dos niños) no pudo ni denunciar a su hijo ni testificar contra él. Como mujer y como madre no entendía cómo había antepuesto la vida de dos niños a la de su hijo, un psicópata de libro. A partir de este hecho, empecé a barajar la idea de si una madre sería capaz de perdonar lo imperdonable. Para trabajar con este concepto me metí en la piel de una madre y la de un hijo. Bárbara como madre de un asesino, de Gabriel. ¿Qué tiene que pasar que una madre esté al lado de su hijo y haga lo que tiene que hacer para salvar a su hijo?
¿Qué tiene Valencia que la hace tan atractiva como escenario de literatura negra?
Como digo en Cuervo negro, Valencia no es diferente a otras ciudades. Llegué a Valencia a finales del 92 y lo primero que me llamó la atención es la luminosidad de la ciudad, porque la encuentro diferente a la luz de Águilas o de Murcia, que era de donde venía. Quería mostrar las sombras de una ciudad tan luminosa, qué porquerías esconde debajo de las alfombras y a qué huele. Porque Valencia tiene una parte oscura en la que quiero seguir indagando.
¿Ha sido positiva la experiencia de escribir género negro?, ¿se va a prodigar más en él?
Sí, ha sido positiva. Todas las novelas que escribo suponen siempre un reto para mí. Yo siempre presupongo que el lector es inteligente. En esta ocasión, mi mayor reto era diferenciar muy bien las dos voces narrativas sin la necesidad de poner en cada capítulo quien hablaba. Supuso un esfuerzo para mí, pero valió la pena.
Ofrézcale algún consejo al lector de novela negra.
Que lea sin prejuicios. La novela suele ser un reflejo de la sociedad. El autor no se saca nada de la manga, traslada lo que ve, oye o lee al papel.

JAVIER OLIVARES EN EL DIARIO LA OPINIÓN

Javier Olivares: "Para un ilustrador es genial participar en certámenes literarios, ya que eso nos habla de la normalización de nuestra profesión"

«Es esperanzador que en un país tan poco lector vayan surgiendo actividades como ésta»

29.08.2017 | 04:00
Javier Olivares durante una conferencia. L. O.
Con motivo del ciclo Cartagena Negra, que tendrá lugar en la ciudad portuaria entre el 5 y el 9 de septiembre, LA OPINIÓN publica un cuestionario con los autores participantes.
¿Cómo se definiría a sí mismo?
Es una pregunta fácil con respuesta complicada. A mí me gusta definirme como dibujante porque abarca bastante bien todos los territorios en los que me muevo, ya sea ilustración, historieta o animación.
En su carrera destaca, por una parte, como ilustrador y, por otra, como dibujante de cómics. ¿Alguna diferencia entre uno y otro oficio?
Las dos disciplinas son esencialmente narrativas, ese es el hilo que las une y funciona además como columna vertebral de ambos oficios y condición casi indispensable para el profesional que los ejerce. Luego ya metidos en los lenguajes íntimos de estas disciplinas hay muchas diferencias, tanto como por la manera de manejar el tiempo como por lo distinto del planteamiento gráfico que demanda cada una. Para mí, la historieta tiene más que ver con la caligrafía gráfica, con el dibujo sintético y ritmo narrativo, mientras que en la ilustración el desarrollo plástico o compositivo tienen un papel mucho más importante.
Hay quien define el cómic como el arte de la elipsis. ¿Confirma usted esta definición? ¿Cuál sería la gran virtud o habilidad necesaria para ser un buen historietista?
La capacidad elíptica es muy importante para un narrador de historietas, sí. Pero no solamente aplicada a lo puramente narrativo, sino también a la parte gráfica. Los dibujos en un tebeo funcionan como un alfabeto: se miran y sobre todo se leen, y eso implica saber qué dibujar y qué no dibujar para que el ritmo de lectura sea el que desea el narrador. Para mí es un lenguaje simbólico y los dibujos nos remiten a los conceptos que representan, no al objeto real en sí. En ese sentido funciona más como el teatro –un espacio simbólico y plástico en el que unos actores que no esconden su condición desarrollan una narración– que como el cine.
¿Qué autores u obras de referencia recomendaría a un joven que quiera dedicarse al cómic o a la ilustración?
Ahora mismo hay muchísimas obras que se podrían recomendar, pero me resisto a dar una lista, porque tendrían que ver más con mi formación particular que con un 'canon' admitido por todos. Y, además, de forma natural cada uno va escogiendo que cosas quiere leer o le apetecen. Yo les recomendaría que fueran curiosos y voraces y que lean tanto obras españolas como americanas, francesas o japonesas, historietas actuales y de años pasados, etc.
¿Qué autores o profesionales le han influenciado tanto a nivel profesional como artístico?
Me pasa un poco lo mismo, que hay demasiados para enumerarlos a todos, pero daré algunos nombres un poco mezclados tanto de ilustradores como de dibujantes de cómics, diseñadores gráficos, de teatro, cartelistas? Digamos que Moebius, Alex Toth, Saúl Steimberg, Ralph Steadman, Lorenzo Goñi, Alberto Breccia, Jose Muñoz, Federico del Barrio, Raúl, Mary Blair, Eyvind Earle, Arnal Ballester, Pablo Amargo, Javier Zabala, Jorge González, Robert Fawcett, Blutch, Robert Wilson, Jack Kirby, Cassandre, Mike Mignola, Julie Taymor, Max, Ferenc Pinter, Chris Ware y un largo etcétera que va aumentando cada día.
¿Cuáles son, a su juicio, sus mejores trabajos? ¿Coincide con usted la crítica y el público?
Esta valoración también cambia un poco de tiempo en tiempo, pero creo que en historieta diría sin dudar Las Meninas y en ilustración podría ser Los niños tontos o Prisioneros de Zenda. En el caso de la historieta sí que ha habido coincidencia con público y crítica, pero en el caso de la ilustración no. Pero me consuela pensar que también les ocurrió esto a The Velvet Underground con su primer disco, y como dijo Brian Eno: «Solo vendieron 30.000 copias, pero cada uno de los que compró ese disco, formó una banda».
¿Para ser un buen ilustrador hay que ser un buen dibujante?
Yo creo que hay que ser un buen narrador. El concepto de 'buen dibujante' es muy personal y para mí tiene más que ver con la idea de dibujar lo que necesitas para contar lo que quieres contar. El que consigue esto, para mí es un buen dibujante.
¿Qué hacer cuando se es un autor novel y se siente uno incapaz de ganarse las habas con el lápiz?
Como en otras profesiones, esta tiene también mucho de 'carrera de fondo', y la confianza en uno mismo (sobre todo al principio) es tan fundamental como las habilidades profesionales que tengas. Es importante no rendirse ya que es una profesión inestable y compleja, por eso te tiene que resultar apasionante.
Su estilo es marcadamente expresionista. ¿Le limita su lenguaje? ¿Cuáles son sus dificultades a la hora de abordar un trabajo?
Todos los lenguajes tienen sus limitaciones y el mío no es una excepción. Sin embargo, puedo moderar mi expresionismo lo suficiente para poder realizar trabajos diversos con tonos diferentes en medios diferentes. No puedo renunciar a mi estilo y esto es algo que me excluye de muchos sitios, pero que me hace reconocible para trabajar en otros. Las dificultades son parecidas en cada trabajo: encontrar el tono del libro, lidiar con las limitaciones de la edición, con las de uno mismo como dibujante, con los plazos, con las condiciones del trabajo, etc.
¿Cómo es el proceso que sigue a la hora de elaborar una ilustración? ¿Le ayudan las nuevas tecnologías?
Las ideas siempre vienen del texto, y no solamente las más obvias, sino que muchas veces me dicta también la técnica o el enfoque gráfico o cromático del trabajo. Después paso a la fase de bocetos, que es donde realmente se hace el dibujo, y a continuación viene el proceso de tinta o de color. Hace muchos años que ya he incorporado el color digital a mi trabajo y, aunque todavía trabajo a mano en muchos encargos, me ha ayudado mucho a la difusión o la rapidez y últimamente también estoy explorando más un trabajo digital más elaborado.
¿Difiere el proceso del de una historieta o novela gráfica?
No demasiado. Aunque sí que es cierto que la novela gráfica necesita un trabajo previo de estructura más férreo, ya que hay muchas páginas que diseñar porque esencialmente es un artefacto narrativo y  esa parte tiene que estar muy bien fijada antes de comenzar la fase del dibujo o del color.
El camino del narrador de un cómic a la imagen final es complejo, ¿cómo se lleva con sus guionistas?
He trabajado con muy pocos guionistas en mi carrera y la relación más extensa está siendo con Santiago García. Santiago y yo somos amigos primero, y hemos trabajado juntos después y la experiencia con él no puede ser más estupenda y fructífera. A los dos nos apasiona el carácter narrativo de la historieta, compartimos además temas de interés y nos gusta explorar a fondo las posibilidades de medio.
¿El nombre Joaquín Pertierra le dice algo?
Me suena bastante, sí. Una de las cosas de las que me siento más orgulloso es de haber desvelado a este ilustrador escurridizo y presentar y descubrir su trabajo. Está resultando un proceso apasionante, la verdad.
¿Se considera un autor noir?
Mi trabajo sí que tiene un aspecto expresionista, de eso soy consciente, pero no sabría decir si eso me convierte en noir o no. Mis incursiones han sido más en la literatura victoriana o de terror y no tanto en el noir o en la novela negra.
¿Conocía Cartagena Negra? ¿Qué espera de estas jornadas?
Conozco el festival por Fernando Marías, que me ha hablado de él. Y lo que espero es pasar unos días estupendos disfrutando de las actividades. Para un ilustrador es estupendo participar en los certámenes literarios, ya que eso nos habla de la normalización de nuestras profesiones y de lo sano que es el trasvase entre narradores.
¿Cómo ve el género noir y los festivales de género negro que han proliferado por el país?
El género goza de muy buena salud, por lo que veo y la proliferación de festivales es una buena muestra de eso. Es muy esperanzador que en un país tan poco lector vayan surgiendo actividades como estas.
¿En qué proyectos anda últimamente? ¿Alguno de ellos es de género negro?
Estoy metido en algunos proyectos, sí, pero no son esencialmente de género negro, aunque es posible que al dibujarlos con mi estilo lo bordeen de forma inconsciente.
Cuando uno lee Las Meninas, una obra excelente por la que ha sido galardonado junto a Santiago García con el Premio Nacional de Cómic, tiene la sensación de encontrarse ante una obra de espíritu noir tanto en su forma como en su contenido. ¿Es la cruz de Santiago la huella de un crimen?
Bueno, la idea narrativa que sustenta el libro es esencialmente la de una investigación que avanza hacia adelante y hacia atrás. Es un recurso muy antiguo y tremendamente eficaz para contar una historia y además el negro (de forma gráfica y metafórica) era el color oficial de la corte en aquella época. Así que se podría decir que lo noir planea sobre el libro de alguna manera, aunque no hay ningún asesinato que resolver. Sobre todo porque el verdadero protagonista del libro, que es el propio cuadro, sigue vivo y a la vista de todos.

XABIER GUTIÉRREZ EN EL DIARIO LA OPINIÓN

Xabier Gutiérrez: «Una buena novela negra tiene que entretener, enseñar cosas nuevas y hacer reflexionar»

«No es necesario que haya una mujer fatal, ni que el policía sea borracho y putero»

28.08.2017 | 04:00
Xabier Gutiérrez: «Una buena novela negra tiene que entretener, enseñar cosas nuevas y hacer reflexionar»
Escritor. Con motivo del ciclo Cartagena Negra, que tendrá lugar en la ciudad portuaria entre el 5 y el 9 de septiembre, LA OPINIÓN publica un cuestionario con los autores participantes. Gutiérrez explica que su arma favorita es «un buen envenenamiento».
¿Qué es para usted una buena novela negra?
Una sabia mezcla de tres conceptos. Las novelas, negras o blancas, me tienen que entretener. Esto es clave, la diversión por sí misma. Aquí incluiría el poder de generar miedo y suspense en mi interior. El punto didáctico es el segundo. Que me enseñe cosas nuevas. De esta manera, la cosa mejora ostensiblemente. El culmen sería que, además, me haga reflexionar con un mensaje. Que no es necesario que sea profundo, no se trata de una tesis doctoral. Pero sí dejarme pensativo sobre lo que allí se plantea. ¿Eso es novela negra? Puede ser. No es necesario que sea obsesiva, en ambientes sórdidos, ni que haya una mujer fatal, ni que el policía sea borracho y putero.

¿Cuáles serían sus personajes y autores negros favoritos?
Me gustan los clásicos como Felipe Marlone y Raimundo Chandler. Por supuesto, Biscúter, más incluso que el propio Carvallo, del inolvidable Manolo Vázquez. Pero no me ciño a novela negra. Mis géneros favoritos se entremezclan entre el suspense, el terror psicológico y también la aventura. Me gusta la combinación que puede generar esos conceptos.

¿Se ha sentido atraído por este género desde siempre?
He cambiado en gustos dependiendo de las edades. Me inicié en mi juventud con Clive Cusler y su Dirk Pitt. Fui adicto de Stephen King durante años. Estuve y sigo enganchado a Stieg Larsson. Y soy tan cinéfilo como lector.

¿Qué opina de la expansión que vive en España este tipo de literatura?
¿Hay una expansión de la lectura?, ¿en serio?, no me había enterado de que cada vez se leía más. ¡Ostras! ¡Que alegrón me acabas de dar! Me temo que, por desgracia, es al revés. Ojalá sea cierto. Nos interesa mucho a los escritores. Aún más a los lectores. La lectura es la base de la imaginación.

¿Y qué le ha traído a participar en estas jornadas, ¿qué espera de Cartagena Negra?
Espero encontrar a María Oruña, por ejemplo, y que se me pegue algo de su buen hacer.

¿Cuáles son sus armas y métodos preferidos a la hora de matar?
Soy cocinero, además de escritor. Un buen envenenamiento, con algo muy sabroso, diferido en el tiempo, es un arma eficaz y muy pulcra. El rastro que deja es extremadamente limpio. Para asesinos escrupulosos viene perfecto. Desventajas. No es fácil encontrar el veneno adecuado. Por ahora, no se venden en los súper. Por otra parte, si el asesino es todoterreno, de los que se arremanga y no le importa mancharse, un tajo certero en la yugular con un buen cebollero es igual de contundente. Tiene sus ventajas. No hay que esperar, es inmediato, y el arma la puedes adquirir en cualquier lado. Ahora, eso sí, es muy sucio, lo dejas todo perdido. Obligación de ir bien pertrechado de fregona y balde.

Elija algún personaje real para quitar de en medio y justifique el crimen, claro.
Muchos se lo merecerían. Sobre todo, los megalómanos que, dirigiendo sus países, piensan que el mundo es su jardín particular. Y los que lo limpian, sus esclavos particulares. Pero no me justifico. No puedo hacerlo. Para justificar un crimen hay que ser un asesino. Justificarlo te convierte en cómplice automáticamente. Esto lo he visto muy de cerca.

Cocina y literatura negra, ¿cómo se pueden compatibilizar?
Si tratas las dos con un ingrediente mágico. El que de verdad mueve el mundo. La pasión.

¿Qué es lo que hace a su ertzaintza Vicente Parra tan especial como para protagonizar sus novelas?
Vicente me ha secuestrado en todos los sentidos. Pero no es mi alter ego. Tiene detalles míos pero la base está muy alejada. En realidad, es el vehículo perfecto para soñar. Tiene tanta importancia en el relato el subcomisario Vicente como lo que sucede a su alrededor con su familia. Es un todo. El abuelo, su mujer, su hijo y su hijastro. Personajes que se dan pautas de comportamiento entre ellos a lo largo de la tetralogía. En las cuatro intento reflejar los conceptos a los que me he referido al comienzo. Entretener, enseñar cómo funciona el mundo de la cocina por dentro y la tercera y más importante, destripar a los personajes. En esta última novela en concreto, un pequeño análisis de la violencia, la verbal, la evidente y la amable. También de la culpa y de los remordimientos. Necesito que el lector se estremezca con cada uno de ellos, aunque no estén de lleno en la trama, que llore y ría, que sufra. También que empatice con ellos. Todos nos sentimos cercanos al interior de las personas. Podremos ser albañiles, sastres o arquitectos y nos interesarán sus profesiones y cómo se desarrollan, pero cuando hablas contando el interior de las personas, eso, interesa a todo el mundo.

¿Dónde hay más rivalidad, en los fogones o en la literatura?
Si en marte, en vez de marcianos, hubiera humanos habría la misma rivalidad y malos rollos que aquí. No es problema de las profesiones ni de los lugares. El ser humano es así.

¿Cuál va a ser su próximo menú negro?
El asesinato de un crítico gastronómico en mi nueva novela que forma parte de la tetralogía Los aromas del crimen. Sabor Crítico (Ed Destino) es el título de la tercera. Nadie mejor que un crítico para analizar la cocina, ¿no? Además, a este se le puede matar con impunidad. No pasa nada. Pero ojo, a un cocinero o a un barman no. ¿Quién iba a preparar la comida si no?

Ofrézcale algún consejo al lector de novela negra.
Que se crea a pies juntillas todas las mentiras que le contamos porque todas y cada una de ellas son tan ciertas como soñadas.

VÍCTOR MIRETE EN EL DIARIO LA OPINIÓN

Víctor Mirete: «En una buena novela negra debe morir alguien. O hay algún crimen o el libro no termina de ser negro»

«Lo único a lo que aspiro es a absorber todo el conocimiento del que me pueda rodear»

28.08.2017 | 19:29
Víctor Mirete: «En una buena novela negra debe morir alguien. O hay algún crimen o el libro no termina de ser negro»
Con motivo del ciclo Cartagena Negra, que tendrá lugar en la ciudad portuaria entre el 5 y el 9 de septiembre, LA OPINIÓN publica un cuestionario con los autores participantes. Mirete explica que «los crímenes hay que planearlos bien».
¿Qué es para usted una buena novela negra?
En una buena novela negra debe morir alguien. O tiene lugar algún crimen en el que alguien muera o el libro no termina de ser negro. Pero, además, debe ser ese género que te mantiene muy latente una atmósfera opresiva, tensa y sórdida. Hoy día, creo que la novela negra debe ser una plataforma en donde el escritor plasme sus reflexiones personales, sus críticas sociales y sus temores.

¿Cuáles serían sus personajes y autores negros favoritos?
Tengo varios. Tal vez los clásicos serían Philip Marlowe, de Raymond Chandler; Pepe Carvalho, de Vázquez Montalbán y Sherlock Holmes, de Conan Doyle. Y los actuales serían Erika Falk, de Camilla Lackberg; César Giralt, de Pedro Martí, y Samuel Alonso, de Alfonso Gutierrez Caro. Lo que viene siendo drogadictos y gentuza muy chunga (risas).

¿Se ha sentido atraído por este género desde siempre?
Sí, toco muchos géneros a la hora de leer, pero la novela negra comulga muy bien con mi hábito de lectura. Tiene todos los ingredientes idóneos para mantenerme entretenido y avivarme potencialmente la imaginación a la hora de escribir mis propias obras.

¿Qué opina de la expansión que vive en España este tipo de literatura?
Creo que es positivo en líneas generales. Sin duda hay una ingente proliferación de autores ´negros´ y de novela negra. Casi parece que, si no escribes alguna novela negra, no eres nadie. El público se ha vuelto a sentir atraído por ese resurgir negro y por los matices que han aportado las nuevas generaciones a ese género.

¿Y qué le ha traído a participar en estas jornadas, qué espera de Cartagena Negra?
Aprender. A mi edad, lo único a lo que aspiro es a absorber todo el conocimiento y experiencia del que me pueda rodear. En los encuentros de Cartagena Negra se congregan grandísimos literatos y gente experta de este mundillo. Es un marco incomparable, y es todo un privilegio estar en contacto con ellos y poder aportar un poco de mi tizne negro al evento.

¿Cuáles son sus armas y métodos preferidos a la hora de matar?
La historia. Es ella quien mata continuamente a gente en todas partes del mundo. La paz no existe ni existirá jamás. Las armas físicas son lo de menos. Se puede matar con veneno, con armas de fuego, blancas, o incluso tirándote por un terraplén: eso no importa realmente. Lo que asesina de verdad es el odio, la codicia, el dinero, el poder y la venganza.

Elija algún personaje real para quitar de en medio y justifique el crimen, claro.
Donald Trump está de suerte. Ya está entre las tres personas que peor me caen en el mundo. Las otras dos ya están muertas. Un trabajo limpio y sin fisuras. Ahora le toca a él. Pero todo a su tiempo. Los crímenes hay que planearlos bien, sobre todo con alguien que puede esconderse tras un muro (risa maléfica).

Una trilogía con Frederic Poison, ¿qué tiene de especial este personaje como para ser el protagonista de la misma?
Tiene mucho carisma. Es ese líder natural que guía al resto de quienes le siguen sin proponérselo. Es tozudo, curioso, aguerrido, capaz, resolutivo, impetuoso. Pero, además, tiene una integridad moral inquebrantable. Es todo lo que yo hubiese querido ser en esa época en la que él vive.

Parece que le gusta el siglo XX como época literaria, ¿a qué se debe esto?
Me encanta. Creo que yo debí nacer en esa primera mitad del siglo XX para poder ser quien quiero ser. Me parece una época tan romántica como convulsa. Una parte de la historia que nos ofrece miles de pequeñitas anécdotas en cada rincón del mundo con las que poder crear grandes historias.

¿Con cuál de las tres entregas de la saga se quedaría si tuviera que elegir?
El diario de René. Aunque sería lo lógico, no es obligatoriamente necesario empezar por el principio de la saga, El dragón perdido. Creo que la tercera entrega es un final de esa primera trilogía muy merecido y muy negro. Aun así, los lectores se están sintiendo cada vez más atraídos con la segunda, Los niños de Belzéc, una novela muy oscura y cruda. Cosas muy negras, por otra parte.

¿Qué es eso de la Generación 16 y qué tiene que ver con la eclosión que vive el género negro en la Región?
Es un grupo de insurrectos literatos y gente marchosa, atractiva físicamente, excéntricos al vestir, con gran tolerancia a la cebada y con ciertos niveles de desequilibrio mental (risas). Vamos, lo típico para un grupo de personas nacidas sobre todo en los 80 o finales de los 70, y que aspiran a hacerse un hueco algún día en el panorama literario. Aportan un estilo fresco, dinámico y muy cinematográfico a sus creaciones.

Ofrézcale algún consejo al lector de novela negra.
¿Consejos yo? Aún trato de aconsejarme a mí mismo. Pero, si he de decir algo, creo que el secreto para triunfar uno mismo con su obra es paciencia, perseverancia y lectura. Un escritor de novela negra que no lee no mejora. Un escritor que no tiene perseverancia no avanza, y un escritor que no tiene paciencia muere antes de tener tiempo para vivir.

sábado, 26 de agosto de 2017

TONI HILL EN EL DIARIO LA OPINIÓN

Toni Hill: "Se están vendiendo muy bien novelas con un estilo francamente pobre"

"No creo en los asesinatos muy sofisticados, aunque algunos resultan muy divertidos"

26.08.2017 | 04:00
El escritor barcelonés Toni Hill. 
Con motivo del ciclo Cartagena Negra, que tendrá lugar en la ciudad portuaria entre el 5 y el 9 de septiembre, LA OPINIÓN publica un cuestionario con los autores participantes.
¿Qué es para usted una buena novela negra?
En realidad, una buena novela negra debería contener los mismos ingredientes que cualquier otra buena novela. Es decir, personajes bien construidos y desarrollados, una trama interesante y un estilo propio del autor. Quizá en la novela negra el lector espera más sorpresas, un ritmo más sostenido y algunos giros de trama, pero lo básico de la buena literatura es siempre lo mismo, sea esta del color que sea.
¿Cuáles serían sus personajes y autores negros favoritos?
Hay personajes a los que uno les tiene cariño, a pesar de que no sean los mejores, como podrían ser Hércules Poirot, ese detective imposible, o Kinsey Millhone (de Sue Grafton). Pero, entre los que me gustan de verdad están Tom Ripley, y su autora, Patricia Highsmith, o los chicos de Mystic River, de Dennis Lehane. Y, por supuesto, Philip Marlowe: un clásico muchas veces imitado.
¿Se ha sentido atraído por este género desde siempre?
Sí. Aunque a lo largo de mi vida he leído mucho, debo admitir que el negro siempre me atrajo, desde muy joven. Recuerdo que compraba cada semana un ejemplar del Club del Misterio, cuyos números aún tengo encuadernados, y ahí descubrí a James M. Cain, a Hadley Chase, a Himes, y a otros muchos.
¿Qué opina de la expansión que vive en España este tipo de literatura?
Las expansiones siempre son buenas. Es verdad que el éxito de un género atrae a autores que creen que construir una novela negra, o un thriller, es tarea fácil. Supongo que luego se dan cuenta de que no lo es tanto? Pero, en líneas generales, si miramos a nuestro alrededor, el éxito del noir no es un fenómeno exclusivamente español, aunque aquí sea más reciente: el polar francés, el krimi alemán o el crime anglosajón han tenido siempre estantes propios en las librerías. Aquí tenía que suceder también algún día, por pura lógica.
¿Y qué le ha traído a participar en estas jornadas, qué espera de Cartagena Negra?
Me lleva hasta Cartagena una invitación que tuvo lugar el año pasado en Granada, aunque en la ciudad ya había estado en una ocasión –profesionalmente hablando– con los clubes de lectura de las Bibliotecas. Además, mi familia materna era de allí, de un pueblecito llamado Alumbres. En cuanto a lo que espero, pues llevarme un buen rato, saludar a otros autores amigos, poner cara a algunos lectores y lectoras, y charlar de literatura negra, que es uno de mis temas favoritos.
¿Cuáles son sus armas y métodos preferidos a la hora de matar?
No creo en los asesinatos muy sofisticados, aunque algunos resultan muy divertidos (en el sentido más oscuro de la palabra 'divertido'). Mis personajes no son asesinos profesionales, ni psicópatas en líneas generales, así que matan con lo que tienen más a mano. El envenenamiento lento es algo que me fascina, sobre todo porque requiere muy poca violencia pero, a cambio, hay que sostenerlo durante mucho tiempo, pero nunca lo he usado en una novela.
Elija algún personaje real para quitar de en medio y justifique el crimen, claro.
Yo no quitaría de en medio a nadie. Por suerte nuestra justicia ya se ocupa de alejar a los elementos peligrosos sin aplicar sentencias de muerte.
Una pregunta casi obligada, ¿qué tienen Cataluña y Barcelona que las hace tan atractivas como escenarios negros?
Es difícil contestar esta pregunta porque en realidad no tienen nada que no tengan otras ciudades, pero es verdad que Barcelona ha resultado un buen escenario para todo tipo de novelas, desde las negras de Vázquez Montalbán hasta las históricas, como La catedral del mar, pasando por las obras de Zafón. Quizá en su momento la industrialización de Cataluña ayudó, ya que el género negro es eminentemente urbano, y Barcelona es un espacio con muchos contrastes (el puerto, la playa, el ensanche, barrios como Gracia o Sants, que conservan de algún modo su personalidad dentro de la ciudad), pero en realidad lo mismo podría decirse de Madrid y, por la razón que sea, el género ha proliferado menos allí.
¿Clásico policial o intriga gótica? Con cuál de los dos se queda y por qué.
Me quedo con ambos, obviamente. La trilogía de Héctor Salgado es un policial al estilo clásico, y Los ángeles de hielo tiende más a la intriga gótica. Creo que el negro, como género, es algo más que el thriller o el policial típico, donde toda la acción se articula en torno al esclarecimiento de un crimen, y mi intención es ir explorando distintos terrenos con la complicidad de mis lectores, espero.
¿Qué tiene Héctor Salgado que le hace tan especial como para protagonizar una trilogía?
La verdad es que no es un personaje fácil, ni que caiga bien a todo el mundo, pero los lectores que lo han seguido han terminado cobrándole mucho cariño. Yo tampoco se lo pongo fácil al pobre. Tiene que compartir el protagonismo con personajes tan fuertes como Leire Castro, y sus novelas son muy corales, a diferencia de otras obras con detective protagonista como las de Donna Leon o Camilleri. Pero algo debe tener Héctor porque los lectores lo echan de menos, y yo también.
¿Cuál será su próximo proyecto literario?
El próximo es el que estoy escribiendo ahora, y me cuesta mucho hablar de lo que estoy haciendo. Sólo puedo decir que me muevo dentro de la intriga psicológica y que la acción vuelve a transcurrir en la actualidad, a diferencia de mi última novela.
Ofrézcale algún consejo al lector de novela negra.
Los lectores saben bien lo que quieren y no necesitan consejos, pero yo les diría que busquen cosas distintas, que se arriesguen a leer obras negras que no siguen los esquemas clásicos (asesinato/detective/misterio/solución) y, por pedir, que exijan más calidad en la escritura. Se están vendiendo muy bien novelas con un estilo francamente pobre, y eso sí que me preocupa. La literatura negra no tiene por qué hacer piruetas estilísticas, y entiendo que los lectores aprecian más una buena trama que los atrape que un párrafo brillante, pero aun así debería mantenerse una calidad de prosa que, en algunas ocasiones, brilla por su ausencia en obras de gran éxito de ventas.